
Para esta travesía en el tiempo, entrevisté a mi amigo Héctor López Molina, historiador, cronista y fundador del blog Los Ladrillos de Quito.
Juntos recorremos los escenarios del Centro Histórico que fueron testigos de amores y desamores de heroínas, próceres y presidentes. Historias reales que sucedieron entre balcones y geranios, lágrimas y batallas, terciopelo y política.
Atención: recorrido solo apto para románticos y amantes de la historia.
El héroe y la mujer vestida de fraile
En la Plaza de Santo Domingo comienza la historia de amor de uno de los grandes héroes de la independencia latinoamericana: el Mariscal Antonio José de Sucre.
La tarde del 24 de mayo de 1822, después de alcanzar la gloria militar en la Batalla de Pichincha, Sucre también habría encontrado el amor. Por eso, enfatiza Héctor, Quito y aquella fecha quedarían marcados para siempre en su corazón y en su vida.
Así sigue el relato:
“Tras la toma del fortín del Panecillo, las tropas de Sucre entraron a Quito por lo que hoy conocemos como la avenida Maldonado. Esa misma tarde, el mariscal llegó a uno de los puntos más importantes de la ciudad: la Plaza de Santo Domingo, donde fue recibido por quienes celebraban la gesta independentista.”
De pie, en el centro de la plaza, estaba el Mariscal Sucre emocionado, sintiendo al fin la victoria. Empezó a mirar a su alrededor; pero su mirada se detuvo en una de las ventanas del segundo piso del convento de Santo Domingo. La figura de una joven mujer, de 16 años aproximadamente, vestida de fraile con un hermoso rostro y larga cabellera, capturó su atención.

La estatua de bronce del Mariscal Sucre ubicada en la plaza de Santo Domingo, señala con su dedo a la cima de La Libertad; pero con su mirada, a la casa de Santa Elena, en donde conoció a su legítima esposa.
¿Qué hacía una mujer vestida de fraile en un convento?
Eso mismo se preguntó el Mariscal Sucre. La respuesta, explica Héctor, estaba en el miedo.
La noche anterior, en la víspera de la Batalla de Pichincha, muchas mujeres y niños buscaron refugio en los conventos de Quito. Temían que se repitieran escenas como las del 10 de agosto de 1809, cuando las fuerzas realistas persiguieron y reprimieron a quienes apoyaban la causa independentista.
Entonces, uno de sus soldados le reveló a Sucre la identidad de aquella joven misteriosa vestida de fraile: era la hija del marqués de Solanda. Junto a su madre y sus hermanas, se había ocultado en el convento de Santo Domingo para protegerse y sentirse a salvo.



Al escuchar el apellido del marqués de Solanda, Sucre no tardó en reconocerlo. Felipe Carcelén de Guevara y Sánchez de Orellana había sido uno de los hombres que financió la campaña libertadora desde Riobamba hacia Quito. Por ese apoyo, en aquel momento se encontraba prisionero.
El mariscal pidió entonces reunirse con su esposa y sus hijas para agradecerles personalmente.
El encuentro tuvo lugar frente al convento de Santo Domingo, en la casa conocida como Santa Elena, llamada así por la imagen tallada en piedra de Santa Elena de Constantinopla que aún se distingue en su portal. Si caminan hoy por esta esquina, todavía pueden encontrarla: una pequeña huella de piedra que sobrevive al paso de los siglos.
Fue en esa casa donde Antonio José de Sucre vio por primera vez a Mariana Carcelén de Guevara y Larrea-Zurbano.
Un amor entre etiquetas y poderes
En tiempos de Sucre y Mariana, el amor también debía obedecer protocolos. Según explica Héctor, un hombre no podía acercarse libremente a la mujer que pretendía: primero debía dirigirse a su madre. En este caso, a Teresa Larrea, marquesa consorte de Solanda y Villarocha.
Solo después, durante las fiestas que celebraron en Quito la victoria independentista, Sucre pudo bailar, reír y acercarse a Mariana con el consentimiento familiar. En 1823 se comprometieron; pero el matrimonio llegaría cinco años más tarde, cuando el mariscal ya estaba en Bolivia y había asumido la presidencia de ese país.
Por eso, la boda se celebró en Quito por poder. En nombre de Sucre acudió su amigo, el general Vicente Aguirre, esposo de Rosa Montúfar, prócer de la independencia e hija del marqués de Selva Alegre.
“De esta forma, aunque fuera por pocos días, la quiteña Mariana Carcelén llegó a ser primera dama de Bolivia”, concluye el investigador. “Después de renunciar a la presidencia, Sucre se instaló en Quito con la esperanza de construir una vida junto a Mariana”.

Si hasta aquí ha suspirado, deténgase
Entre Sucre y Mariana no todo fue miradas encendidas, bailes de salón y risas cómplices. También hubo intereses de por medio.
Por un lado, precisa Héctor, los marqueses dieron su venia pensando que la unión de su hija con el mariscal podía garantizarles influencia política y ayudarles a conservar su estatus económico y social en tiempos de República. Por otro, Sucre aseguraba también una posición vinculada a una de las familias más poderosas de Quito, con fortuna, propiedades y tierras.
Sucre y Mariana tuvieron una hija, a quien llamaron Teresa, como su abuela materna. El Gran Mariscal casi no pudo compartir tiempo con ella. Pocos días después de su nacimiento, partió hacia Bogotá para asistir al Congreso Admirable, en un último intento por salvar la Gran Colombia.
La mañana del 4 de junio de 1830, en la montaña de Berruecos, a unos 30 kilómetros de Pasto, Antonio José de Sucre, héroe de Pichincha y de Ayacucho, fue asesinado.
Pasado el período estricto de luto, Mariana Carcelén se casó con Isidoro Barriga, hombre de confianza y compañero de batallas del mariscal.
“Con Sucre me casaron, con Barriga me casé”, habría dicho Mariana. En esa frase cabe una época entera: los matrimonios de conveniencia, el peso del linaje, la fragilidad del amor y la voluntad de una mujer que, después de la tragedia, decidió escribir su propia vida.

La Muerte de Sucre en Berruecos (1895) obra de Arturo Michelena. Foto tomada en la Galería de Arte Nacional Venezuela, Foto: Wikimedia Commons.
Curiosidades
Y si aún no ha muerto ahogado entre los suspiros, lea los siguientes relatos: Bolívar y Manuelita y Un Amor Fugaz.








Qué interesante conocer esta historia de amor Espero los siguientes. Y encararía hacer el paseo con los ladrillos de Quito
Cuando gustes vamos! seguro que te encantará ir a descubrir la ciudad con Los Ladrillos de Quito.
Rosanna. Agradable sorpresa al leer tu reportaje. Estoy concluyendo el libro «Una bala mató a Colombia» en el cual hago un análisis real sobre la vida del Mariscal, sin adulancias, sino profundizando reflexiones sobre su personalidad. Tu comentario lo leí dos veces y de él extraje algunas notas. Me gustaría saber si pudieras conversar con el historiador Héctor López Molina especialmente en lo relativo a esa relación del matrimonio Sucre-Carcelén, pues tengo mis dudas sobre ese idilio y por supuesto cualquier que puedes sobre el Mariscal de Ayacucho.
Soy Ángel Millán, periodista venezolano y abogado, vivo en la ciudad de Puerto La Cruz Venezuela. Tengo sobradas razones para intentar comunicarme con ustedes. Dios los bendiga y un fuerte abrazo venezolanista
Muchas gracias
Muchísimas gracias Ángel por tu leerme y tu interés en la historia de nuestros países y los personajes que marcaron la Historia. Te comparto su e mail a tu correo para sí que puedas contactar directamente con Héctor. Saludos cordiales desde Quito.
Sigo suspirándo. Qué bella historia. Gracias por transportarnos a este escenario
Gracias a ti por leerla, y dejarte emocionar con esta historia. Linda tarde.
Precioso!
Qué historia tan bella.
Sí, es muy linda y no muchos la conocíamos.Linda tarde.
Sí más allá del desenlace, su historia es tan interesante como conmovedora.
Me alegra muchos saber que te interesó. Saludos.
Excelente historia me fascina.
Muchísimas gracias y lindo día.
Excelente historia me fascina.
Me alegra saber que te haya interesado esta historia Nelson .
Wow, que bonita es la historia y que mejor aún conocer los lugares en donde pasaron tantas cosas. Recién vimos la serie de Bolivar y me encantó ver y conocer un poco más no solamente de la historia sino de los lugares donde se desarrolló todo, especialmente Ecuador.
Me alegro Blanca que te haya gustado e interesado estas historias de los próceres de la Independecia como lo fueron Sucre, Bolívar y nuestra Manuelita Sáenz, ¡muchas gracias!
Que buena entrevista, tanto que aprender. Me encantaron las curiosidades sobre todo la primera donde hablas de la estatua del Mariscal Sucre.
Qué bien Silvia, sí la historia Sucre y la marquesa de Solanda es fascinante. Te mando un abrazo grande y gracias por leerme.
Este post es una fascinante lección de historia, muy bien escrito y que puede servir como guía en la ciudad. Siempre recomiendo visitar Quito porque es un lugar hermoso y con muchos rinconcitos bellos.
Qué gusto Morena saber que te interesó esta historia y que recomiendas visitar mi ciudad. Muchas gracias y ¡saludos!
Nunca se termina de aprender, historia contada con detalle y dejando el deseo de visitar aquellos lugares descritos. Felicitaciones.
Me alegra que te haya interesado Isabel, la verdad es que tenemos tanto que descubrir y aprender! Gracias por leerme.
Que historia tan interesante. Pensaba que el único con esas historias de amor era Bolívar. Sucre si que fue un alumno aventajado del Libertador.
http://www.unbabydaddy.com
Así es Andy, realmente el Mariscal José Antonio de Sucre, lo fue.¡Saludos!
El Mariscal Sucre fue como el hijo que Bolívar nunca tuvo, él siguió los pasos de El Liberador incluyendo una vida amorosa parecida, es una gran y bonita coincidencia que las más grandes historias de los dos se dieran en Quito, Sucre con Mariana de Carcelén y Bolívar con Manuelita Sáenz.
Así es Freddy, gracias por tu aporte, tal como lo señalas, es un linda coincidencia que el escenario de estos amores históricos sea Quito. Saludos cordiales.
Qué linda esta historia de amor! Me encantaría conocer Ecuador y Quito en particular. Y me encanta como cuentas todos ❤️
Muchas gracias Sandra, y bienvenida siempre al Ecuador.
Con ese título empecé a saborear los deliciosos suspiros quiteños, y mientras leía me deleitaba con los suspiros que lograste sacar de lo mas profundo de mi al leer esta historia de amor. Qué increíble, tanta historia llena de amor contada de una manera delicada y apasionada al mismo tiempo. Sigo pensando que Sucre pese a su intensidad con Mariana era un bandido sin compostura jajajajajaja.
Se podrá imaginar, cómo sería Sucre! exitoso estratega militar, embestido de gloria y pasión, historias que nos recuerdan que nuestros héroes fueron también de carne y hueso. Ya me dio ganas de los suspiros del Centro Histórico con una taza de café ecuatoriano! ¿Vamos?
Siiiiiiii vamos, en plena pandemia jajajajajaja.
Yeah! Vamos, bien protegidas y con todas las medidas de bioseguridad!
Precioso relato de lo sucedido, de una vida corta que marco al país naciente, primero por sus luchas, luego por dejarlo desprotegido en su ausencia, así como seguramente lo hizo sin querer a su familia. Saludos
Gracias Felipe por leerme, me alegra saber que te ha interesado. Saludos igualmente y lindo fin de semana.