“Mamá, quiero subir al Cotopaxi”: Una aventura madre e hija

Madre e Hija suben juntas al Cotopaxi
Esta es la historia de la travesía de Liz Proaño y su hija Arianna Paredes para conquistar la cima del volcán activo más alto del mundo: el Cotopaxi. Una madre que decidió lanzarse a una aventura épica en medio de los andes ecuatorianos para acompañar a su hija de 17 años en un desafío memorable. El gran montañista Iván Vallejo fue su guía.
Esta es la historia de la travesía de Liz Proaño y su hija Arianna Paredes para conquistar la cima del volcán activo más alto del mundo: el Cotopaxi. Una madre que decidió lanzarse a una aventura épica en medio de los andes ecuatorianos para acompañar a su hija de 17 años en un desafío memorable. El gran montañista Iván Vallejo fue su guía.

El amor de una madre mueve montañas, o en este caso, ¡las conquista!; incluso, si se trata de subir 5.897 metros de altura. Para asegurar el éxito del ascenso, Liz buscó al gran montañista ecuatoriano, Iván Vallejo con quien se preparó y decidió emprender hacia la cima del Cotopaxi.  La razón, que parece simple, en realidad fue épica: acompañar y celebrar el sueño de su hija Arianna de 17 años, de llegar a la cúspide de este imponente volcán. El desafío resultó ser mucho más intenso de lo que esperaba; pero cada segundo de duda, temor y vértigo valió la pena.   De las nieves eternas, la altura y el frío andino nace la historia de una amiga y madre ecuatoriana que me inspira. 

¿En qué momento nació la ilusión de esta aventura?

Cuando Iván Vallejo me contestó el teléfono y aceptó guiarnos. Para mí era súper importante hacer esto de manera profesional. Mi prioridad era la seguridad y hacerlo con una figura tan importante como él, no solo por lo que representa, sin duda, nos dio la confianza para equilibrar los dos frentes.

¿Cómo te sentiste cuando por fin llegó la fecha de la travesía?

Estábamos súper optimistas y llenas de emociones encontradas; pero, sobre todo, decididas a lograrlo, ya que nos pusimos en manos de los mejores: Iván Vallejo y su equipo de expertos. Iván se convirtió en nuestro gran maestro y amigo, un ser único que se ha ganado toda nuestra admiración y cariño. Nuestro ascenso empezó a las 2:00 am. Hasta ese momento no sabíamos lo que nos esperaba. Esta ha sido la experiencia física más dura, pero la más enriquecedora que he tenido en mi vida. ¡Gracias, Cotopaxi y a todo el equipo de campeones por el acolite! Ari, Emi, Sebas, Manu y Lucas, son los mejores.

¿Qué momento de esta aventura te produjo más miedo?

Cuando hacíamos el descenso del Cotopaxi. No soy rápida bajando; tengo una lesión crónica en la rodilla. Me dolía, empezó a llover y se escuchaban truenos. Me invadió el pánico; mi cordada era la más lenta porque el ritmo lo llevaba yo. Mis piernas no daban más; no lograba ir más rápido. La mamá gallina que hay en mí se sentía irresponsable porque estaba con mi hija y había aceptado subir en esas condiciones climáticas. Respiraba; me decía: “soy fuerte; yo puedo”. Pero no estaba dando resultado.

¿Qué hiciste para superar ese miedo y la inevitable adversidad de la montaña?

Sabía que tenía que sobreponerme, pero no sabía cómo hacerlo. Empecé a rezar (soy creyente). De pronto Arianna me dice: “vamos, Lizita, tú puedes; eres una crack, mami”. La fuerza, la confianza y la fe regresaron inmediatamente a mí.

Tres palabras que evoca el Cotopaxi:

Disciplina, humildad y fe.

¿Qué papel jugaron esas palabras en este desafío?

Las tres para mi son súper importantes. Sin disciplina, no habríamos obtenido el estado físico que nos dio el entrenamiento y que se requiere para subir el Cotopaxi. Somos vulnerables ante la naturaleza. Hay que tener respeto. Siento que la montaña te da el permiso, si eres humilde de corazón. Finalmente, los pensamientos negativos pueden invadirte y hay que tener fe y confiar.

¿Qué fue lo que más disfrutaste de todo este proceso?

Compartir este reto con mi hija Arianna y su amiga Emilia (que es como una tercera hija para mí y una crack escalando) y vivir el proceso juntas.  Obvio, cada una tenía diferentes expectativas pero teníamos un mismo objetivo. Mi hija y yo nos conectamos mucho más, ciertos días entrenábamos juntas y pude compartir con ella mi experiencia en el fitness; ser su guía, su amiga y madre a la vez. Eso no tiene precio; fue un regalo maravilloso.

¿Hubo algún momento durante la preparación en el que dudaste de seguir adelante con esta aventura?

Sí; dos veces. Mi hija se lesionó el tobillo y el doctor le dijo que no podía seguir entrenando, mucho menos pensar en subir el Cotopaxi. Pero Ari es muy determinada y perseverante; hizo rehabilitación, fue muy disciplinada y logró recuperarse. La segunda vez en que dudé fue cuando subimos el Iliniza Norte. Es un estratovolcán que tiene muchos matices: arenal, roca, nieve. Me sentí vulnerable; llovía, tuvimos que escalar y nos resbalábamos casi todo el tiempo; las rocas estaban mojadas. Soy mamá gallina y mi instinto me decía: “peligro; hay que dejar esto. Cuida a tus polluelos”. Pero veía a mis polluelos disfrutar de ese peligro y lo lograron.

¿Cuál es la lección más grande de esta aventura?

Lo que uno da recibe. Las palabras que uso, los consejos, el positivismo con el que les hablo a mis hijas, me fueron devueltos por Arianna en ese momento. La maestra se convirtió en alumna. Me sentí orgullosa y realizada de saber que todo lo que le he dicho a mi hija fue escuchado y dio sus frutos.

¿Qué consejo compartirías con otras aventureras?

Prepárate bien física y mentalmente. Las dos cosas van de la mano; ahí está el equilibrio.

La siguiente meta, ¿ya la tienes?

Por ahora no pienso en eso. Aún no hago planes; no descarto otra aventura (ríe). Pero pienso buscar algo mucho más tranquilo; retomar mis clases de sevillanas y algo que sea solo a 2.800 metros de altura.

El soundtrack ideal para este ascenso es….

Hay que escuchar la música que más te guste, la que te da ánimo. Te confieso que mi música fueron los latidos de mi corazón, mi inspiración y el paisaje único que te brinda la montaña. El Cotopaxi es bellísimo. Me sentía en un viaje a otro planeta.

Los sueños, motivan; el esfuerzo, recompensa; el amor y las montañas, transforman:  Ese 17 de marzo de 2021, Liz se coronó con la emoción de ser andinista, exploradora y valiente; todo por celebrar junto a su hija la conquista de sus metas. El abrazo de la victoria que las abrigó por un instante en medio de aquel escenario gélido, será para las dos un recuerdo tan bello como eterno.

Fotos cortesía Ivan Vallejo

«Dos Cotopaxis en menos de ocho horas»

  • Nieve inesperada y rutas alternas: “El esfuerzo fue extremo por las condiciones del clima; ya que el camino que normalmente siempre está muy bien trazado, estaba cerrado. Tuvimos que abrir huella en nieve fresca y subir por otra ruta para lograr nuestro objetivo. Por eso lo sentí así: como dos Cotopaxis, en 7h30 minutos”
  • La motivación: “Esto nunca estuvo en mis planes, pero Ari tenía un sueño. Quise acompañarla y caminar con ella”
  • La preparación: “Nos preparamos por dos meses, con la guía de Iván Vallejo. Paralelamente, Arianna entrenó con Chichi Andrade. Y yo, que siempre he sido fiel al fitness, mi gran amiga María Belén Morales, Mabe como le decimos de cariño. Pero este reto me superó. Empezamos con el Rucu, luego fuimos al Corazón, Integral de los Pichincha, Ilinizas, Cayambe (escuela glaciar), ¡y finalmente… el Cotopaxi!
  • Lo mejor de la aventura: “Llegar a la cima del Cotopaxi. No puedo estar más agradecida con Dios y con la vida por este regalo que me dio: llegar a la cima junto a mi hija Arianna”

Escrito por: Rosanna Mancino

Soy periodista de vocación y profesión. Llevo veinte años contando y encontrando historias. He trabajado para diferentes medios de comunicación, escritos y televisivos como reportera, editora, realizadora, productora, periodista y directora; haciendo periodismo con propósito, ética y compromiso. Siempre hay algo nuevo que descubrir, ver, aprender y comunicar; y eso, me apasiona.

10 Comentarios

  1. Nafl

    Espectacular aventura! Tiene que ser inolvidable llegar a la cima del Cotopaxi y además con tu familia!

    Responder
    • Rosanna Mancino

      Lo mismo pienso… todo una aventura épica. ¡Saludos!

      Responder
  2. Yasmari Bello

    Wow! Amo los paisajes que nos muestras de Ecuador😍 definitivamente llegar a la cima del Cotopaxi debe ser una de las mejores aventuras que madre e hija podrían vivir.

    Responder
    • Rosanna Mancino

      Lo mismo pensé Yasmari, por eso quise compartir su historia… una gran inspiración. ¡Saludos desde la mitad del mundo!

      Responder
  3. Antojo en tu cocina

    Me encantó esta entrevista! de verdad que me parece una aventura madre e hija memorable! ¡Quién pudiera llegar a la cima de un volcán! Saludos

    Responder
    • Rosanna Mancino

      Mucha preparación: física y emocional; y sin duda, valentía. Me alegra mucho saber que te ha gustado la entrevista.

      Responder
  4. Juani

    Realmente es toda una aventura. Yo soy muy fan de Planeta Calleja y tu publicación me ha recordado a esos programas. Admiro el esfuerzo que han hecho Liz y su hija. Besos.

    Responder
    • Rosanna Mancino

      Oh! me encanta «Planeta Calleja», así que me alegra saber que te ha gustado la entrevista. La aventura de Liz y su hija, se merecía ser compartida. Gracias por leerme, linda semana.

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  5. Veronica

    Que valientes! Subir un volcán de casi 6000 pies de altura! Pero que Alegría con mayúsculas tener una aventura así juntas madre e hija.

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  6. Trasteamos en

    Wow. Menuda aventura madre e hija. Esta subida y llegar a la cima del Cotopaxi … menudo reto. Me ha encantado esta entrevista, esta historia de esta mama valiente. Bien por estas extraordinarias exploradoras.

    Responder

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